En
un país donde nos acostumbramos a ser indulgentes con los criminales, a apoyar
pactos con las “bestias” me refiero a la mal llamada guerrilla, aclarando y
enfatizo en sus cabecillas que al final
resultan ser los más beneficiados con un acuerdo flojo en su forma y más aun en su fondo, nos
indignamos con situaciones que, aunque condenables resultan menores ante las
atrocidades cometidas por aquellos.
Nunca
compartiré ningún acto de discriminación o exclusión frente a otro ser humano,
pero la moral individual es una y otra la que se manifiesta socialmente, las
redes sociales han permitido que los indignados morales expresen abiertamente
sus criticas frente al comportamiento humano con relación a ciertos animales,
el perro o el gato abandonados, las aves enjauladas, el sacrificio de los toros
de lidia o las peleas de gallos, pero nada dicen frente a la muerte de niños
por desnutrición en el país, y salen a vitorear a políticos corruptos y podría
expresar más ejemplos, pero dejemos ahí.
El
tema viene dado que hace días se presentó un bochornoso caso en el cual se ve
involucrado don José, un humilde hombre que con sus guitarra va interpretando
canciones en diferentes sectores de la ciudad de Medellín, el pasado 7 de mayo
se hizo viral, así se denomina en los nuevos medios las visualizaciones que
tiene algún contenido digital en las redes sociales, el caso es que nuestro
personaje es invitado a almorzar en un restaurante por unas personas que se
encontraban allí y que les pareció bien hacer un acto de reconocimiento o de
solidaridad con don José, acto que fue rechazado por la administración del
restaurante, quienes solicitaron a don José se retirara del estableciemiento,
acto que resulta ofensivo a la dignidad humana.
Este
hecho a todas luces reprochable por parte de la administración del restaurante
se ve sobredimencionado socialmente dado el alcance de las redes sociales,
miles de personas criticando, muchos quizás sin entender o tener el
contexto completo de la situación juzgaron y condenaron a la administradora del
establecimiento, pero qué tal si con más cabeza fría analizamos el tema, según
el video publicado en la redes, las personas que invitan a don Jose a almorzar
no lo llevan a la misma mesa que ellos comparten, él se sienta en una mesa a
parte, ¿a caso no existiría una doble discriminación? Loable el gesto de la
invitación, ¿pero acaso no es digno para compartir la mesa con él? Considero un
acto moral el rechazo a la actuación de la administradora del negocio, ¿pero
acaso no lo es también rechazar el comportamiento de quien hace una invitación y
aparta al invitado?
Y
que decir de la doble mora social, pues miles de personas tiran la piedra sin
estar libre de pecado, juzgaron y condenaron no sólo a la administradora del
establecimiento, sino que acabaron seguramente con el negocio, pues los comentarios
de fijos y posibles comenzales fue el mismo, no vuelvo o diganme donde es para
no ir nunca.
A
cuantas personas se ha perjudicado, no solamente en su dignidad, en su honra y
hasta en su empleo por el manejo mediatico irresponsable, pues hoy se hace
popular o impopular a alguien con solo colgar un video que muestra una media
verdad.
Don
José sin embargo sigue tranquilo, su noble personalidad le impide magnificar
como lo han hecho los demás una situación que ha podido ser razonablemente
manejada por todos los involucrados, él, agradecido, sin inmutarse reconoce a
cada quien una bendición, un Dios les pague, en este hombre solo hay una moral
de la bondad o la pureza.
Este
hecho nos debe llevar a refexionar sobre la moral que practicamos como
individuos y como sociedad, pues encuentro que una no se compadece de la otra,
mientras una nos debería llevar a la prudencia, la otra resulta contagiosa del
linchamiento y el escarnio público del otro, en tal sentido encontrar un punto
donde pueda enmendarse una injusticia sin destruir al otro ha de ser el
objetivo, la sanción social no puede ser una condena perpetua.
Que
la razón se imponga a las pasiones desmedidas de esa doble moral colectiva que
tanto daño termina haciendole a la misma socieda, pues la justicia no es
contraria a la razón.

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