lunes, 23 de abril de 2018

LA UTOPIA DE LA PAZ


Puede sonar lapidaría, pero resulta razonable y hasta real la frase del filosofo Alemán Immanuel Kant, “El estado natural de los hombres no es la paz, sino de guerra; cuando no de guerra abierta, de guerra que puede estallar en cualquier momento”. Colombia ha sido un Estado en constante conflicto en distintos momentos de la historia, con cortos intervalos de tranquilidad que no de paz.

El país se dividió entre quienes apoyaron un proceso de paz con la guerrilla de las farc y quienes decidieron por convicción no apoyar un cojo acuerdo donde las concesiones para los guerrilleros resultaron sapos difíciles de tragar, hoy resulta que quienes ganaron el plebiscito con el No, tenían razón en algunos de sus temores, aquellos que fueron llamados guerreristas, enemigos de la paz confirman porque tanto recelo al acuerdo Habanero.

El incumplimiento de algunos compromisos por parte de la guerrilla, la sorpresiva o esperada captura de un cabecilla del partido de las farc por el delito de narcotráfico posterior a la firma de los acuerdos,  así como el reciente denunciado mal manejo de los recursos del posconflicto, llevan a pensar en que la paz resulta una utopía, pues las partes a su manera han sido incapaces de  dar cumplimiento a lo acordado.

Pero la paz no es la que pactaron el gobierno y las farc, la paz para que no sea una utopía debe ser un compromiso de cada ciudadano con su actuar cotidiano, empezando por el respeto a la otredad, reconocer la existencia de un otro a partir de la propia persona,  lo habitual es que la otredad se construya a partir de la alteridad y la oposición, el otro es aquello que nunca fuimos, no somos y no seremos. Incluso podría decirse que el otro es lo que no queremos ser, pero a partir del respeto, del reconocimiento y la aceptación de las múltiples  diferencias que en ocasiones nos confrontan internamente desde el concepto de moral, podremos cimentar una conducta individual incluyente y ética, lo que nos llevaría a la paz interior como fundamento de la paz social.

Más allá de lo que pase con la política, quien se erija como presidente, quienes estén en el congreso,  si las farc sigue delinquiendo, o si el gobierno le sigue incumpliendo a los más necesitados, la fortaleza de la nación han de ser sus ciudadanos que se reconocen como tales, como miembros activos de la nación, ciudadanos responsables como individuos, con valores y principios, convencidos que son sus propias acciones frente a sí y frente al otro la génesis de una verdadera paz estable y duradera.

Puede aceptarse la frase del filosofo en el sentido de que el hombre esta condenado a vivir en guerra o se puede invertir la misma para afirmar que el estado natural del hombre es la paz y no la guerra,  para lo cual se deberá controlar el instinto violento, superar el estado natural para reconocernos en la civilidad, esa al parecer resulta la tarea más difícil que se tiene en el país del sin sentido.