miércoles, 20 de abril de 2011

REFLEXIÓN

“No hay condiciones de vida a las que un hombre no pueda acostumbrase, especialmente si ve que a su alrededor todos las acepta.”
Esta frase de Lev Tostoi en Anna Kerenina, me hace reflexionar en la historia reciente de una generación que se ha acostumbrado a las mafias, a la delincuencia organizada, a una clase dirigente burocrática y gansteril , a unos muy organizados grupúsculos políticos corruptos, a unas clases económicas patrocinadoras y participes del desfalco estatal; a unas organizaciones armadas, que supuestamente luchan por la clase menos favorecida y otros armados para desplazar, asesinar y defender los intereses particulares de los nuevos “oligarcas”. Esta es la realidad de un país de un Estado Social de Derecho.
Nos hemos convertido en cómplices, pues nos limitado a observar; consideramos que el deber del estado es solucionar todos los problemas de carácter social, sin detenernos a pensar ¿Quién orquesta y dirige ese estado?, simplemente hemos aceptado las condiciones de una dirigencia política que busca mantener su status quo; se convive sin problema con el amigo o el pariente mafioso, pues mientras haya dinero lo demás no importa, se acepta al guerrillero o al paraco, sea por una ideología sesgada de derecha o izquierda y después se alega que fue por presión, que hubo reuniones para repensar el país, pero por amenazas.
Nos hemos acostumbrado a que nuestros jueces más que hombres de leyes, sean “divas” de los medios, negociantes de la justicia, entregan información reservada, reciben dineros para archivar procesos, pues, así como ellos han creído en los delincuentes, que mas puede hacer un ciudadano de a pie cuando escucha, que ellos, los honorables magistrados han recibido dinero de mafiosos para elegir a un Fiscal General de la Nación.
No queda más que actuar, enderezar el camino para dejarles a nuestros hijos un país digno de vivir, donde la justicia sea la primera virtud de las instituciones, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento