“El 'populismo (del latín populus "pueblo") es un término político usado para designar corrientes heterogéneas pero
caracterizadas por su aversión discursiva o real a las élites económicas e
intelectuales, su rechazo de los partidos tradicionales (institucionales e
ideológicas), su denuncia de la corrupción política por
parte de las clases privilegiadas y su constante apelación al "pueblo" como fuente
del poder. Los personajes populistas se caracterizan porque afirman enfocarse
en el pueblo y velar por este.[1]”
El presidente Juan Manuel Santos, máxima autoridad
administrativa y jefe de gobierno de este llamativo y “policromático” país, luego
de conocerse una encuesta en la cual su
popularidad se ve disminuida o mejor poco favorecida, anuncia en rueda de
prensa la construcción de cien mil viviendas (100.000) gratis para los más
pobres de los pobres, ¿pero sólo cien mil? Cuando en Colombia lo que sobran son
pobres entre los pobres y lo que falta son oportunidades.
¿Cuánto valen esas cien mil viviendas gratis?,
pues una cosa es entregarlas gratuitamente y otra muy diferente construirlas, según
las cifras su valor asciende a $3,7 billones, los cuales se ejecutaran cada año en
módicas sumas de de $600 mil millones durante seis años. Sin que exista un
marco institucional que garantice la entrega efectiva a los más pobre entre los
pobres de estas viviendas, pues serán adjudicadas por los alcaldes.
¿Estaba este gasto presupuestado para
el 2012?, ¿se trata de un gasto que se presupuestará para los dos últimos años
de gobierno?
Surge otro interrogante y ¿Dónde quedan
las 560.000 viviendas de interés social
para los cuatro años, es decir, 140 mil por año, plasmadas en el Plan de Desarrollo,
de las cuales en lo corrido del gobierno, ya casi dos años, no se ha cumplido
si quiera el 30%?
No se critica su construcción, pues se hacen
necesarios programas no asistencialistas, ni de choque o populistas, se
cuestiona el momento y la forma, así como la sostenibilidad de un programa como
este, cuando ni siquiera su plan bandera de restitución de tierras ha despegado
en forma. Así mismo la forma en que serán entregadas, ya que no existe como se
mencionara antes un marco institucional técnico que fije las reglas para la
adjudicación, garantizando que quienes las reciban de verdad cumplan con los
requisitos para ser adjudicatarios de las viviendas, pues que serán los
alcaldes dentro de unas reglas muy generales quienes definirán los
beneficiarios de este programa.
Aunque existan críticas frente al modelo de
subsidios para vivienda de interés social, este resulta ser menos
asistencialista y con sustanciales mejoras podría garantizar el acceso a una vivienda
digna a miles de colombianos destechados.
“El asistencialismo es la deformación de la asistencia , obligación que
contraen los gobiernos con sus ciudadanos a través de una constitución por la cual se señala el carácter de dignidad de
todo ser humano sin distinticiones de ningún tipo[2].”
Como bien lo
señala el Licenciado en Trabajado Social Sebastián Giménez
El
asistencialismo crea una clara situación de dependencia del individuo o grupos
que lo reciben, que no promueve la dignidad, el desarrollo de proyectos, etc.
La persona, dicho en términos simples, se “aburguesaría” en una comodidad
alienante. La imagen clásica que se trae a colación es que hay que enseñar al
asistido a manejar “la caña” (o sea, a desarrollar sus propias
potencialidades), y no brindarle el pescado ya preparado.
Se le debe dar
cumplimiento igualmente al Plan de Desarrollo, pues son cientos de familias que
han iniciado su ahorro programado para acceder a una oportunidad de tener su
vivienda.
Ojala y se les
cumpla a cien mil familias y que sean las más pobres de las pobres.
Diego Alberto
Sepúlveda Argáez.
29/04/2012