sábado, 7 de julio de 2018

DE LA MORAL INDIVIDUAL Y DE LA DOBLE MORAL SOCIAL.




En un país donde nos acostumbramos a ser indulgentes con los criminales, a apoyar pactos con las “bestias” me refiero a la mal llamada guerrilla, aclarando y enfatizo en sus cabecillas que al   final resultan ser los más beneficiados con un acuerdo  flojo en su forma y más aun en su fondo, nos indignamos con situaciones que, aunque condenables resultan menores ante las atrocidades cometidas por aquellos.

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Nunca compartiré ningún acto de discriminación o exclusión frente a otro ser humano, pero la moral individual es una y otra la que se manifiesta socialmente, las redes sociales han permitido que los indignados morales expresen abiertamente sus criticas frente al comportamiento humano con relación a ciertos animales, el perro o el gato abandonados, las aves enjauladas, el sacrificio de los toros de lidia o las peleas de gallos, pero nada dicen frente a la muerte de niños por desnutrición en el país, y salen a vitorear a políticos corruptos y podría expresar más ejemplos, pero dejemos ahí.

El tema viene dado que hace días se presentó un bochornoso caso en el cual se ve involucrado don José, un humilde hombre que con sus guitarra va interpretando canciones en diferentes sectores de la ciudad de Medellín, el pasado 7 de mayo se hizo viral, así se denomina en los nuevos medios las visualizaciones que tiene algún contenido digital en las redes sociales, el caso es que nuestro personaje es invitado a almorzar en un restaurante por unas personas que se encontraban allí y que les pareció bien hacer un acto de reconocimiento o de solidaridad con don José, acto que fue rechazado por la administración del restaurante, quienes solicitaron a don José se retirara del estableciemiento, acto que resulta ofensivo a la dignidad humana.

Este hecho a todas luces reprochable por parte de la administración del restaurante se ve sobredimencionado socialmente dado el alcance de las redes sociales, miles de personas criticando, muchos quizás sin entender o tener el contexto completo de la situación juzgaron y condenaron a la administradora del establecimiento, pero qué tal si con más cabeza fría analizamos el tema, según el video publicado en la redes, las personas que invitan a don Jose a almorzar no lo llevan a la misma mesa que ellos comparten, él se sienta en una mesa a parte, ¿a caso no existiría una doble discriminación? Loable el gesto de la invitación, ¿pero acaso no es digno para compartir la mesa con él? Considero un acto moral el rechazo a la actuación de la administradora del negocio, ¿pero acaso no lo es también rechazar el comportamiento de quien hace una invitación y aparta al invitado?

Y que decir de la doble mora social, pues miles de personas tiran la piedra sin estar libre de pecado, juzgaron y condenaron no sólo a la administradora del establecimiento, sino que acabaron seguramente con el negocio, pues los comentarios de fijos y posibles comenzales fue el mismo, no vuelvo o diganme donde es para no ir nunca.

A cuantas personas se ha perjudicado, no solamente en su dignidad, en su honra y hasta en su empleo por el manejo mediatico irresponsable, pues hoy se hace popular o impopular a alguien con solo colgar un video que muestra una media verdad.

Don José sin embargo sigue tranquilo, su noble personalidad le impide magnificar como lo han hecho los demás una situación que ha podido ser razonablemente manejada por todos los involucrados, él, agradecido, sin inmutarse reconoce a cada quien una bendición, un Dios les pague, en este hombre solo hay una moral de la bondad o la pureza.

Este hecho nos debe llevar a refexionar sobre la moral que practicamos como individuos y como sociedad, pues encuentro que una no se compadece de la otra, mientras una nos debería llevar a la prudencia, la otra resulta contagiosa del linchamiento y el escarnio público del otro, en tal sentido encontrar un punto donde pueda enmendarse una injusticia sin destruir al otro ha de ser el objetivo, la sanción social no puede ser una condena perpetua.

Que la razón se imponga a las pasiones desmedidas de esa doble moral colectiva que tanto daño termina haciendole a la misma socieda, pues la justicia no es contraria a la razón.

sábado, 5 de mayo de 2018

lunes, 23 de abril de 2018

LA UTOPIA DE LA PAZ


Puede sonar lapidaría, pero resulta razonable y hasta real la frase del filosofo Alemán Immanuel Kant, “El estado natural de los hombres no es la paz, sino de guerra; cuando no de guerra abierta, de guerra que puede estallar en cualquier momento”. Colombia ha sido un Estado en constante conflicto en distintos momentos de la historia, con cortos intervalos de tranquilidad que no de paz.

El país se dividió entre quienes apoyaron un proceso de paz con la guerrilla de las farc y quienes decidieron por convicción no apoyar un cojo acuerdo donde las concesiones para los guerrilleros resultaron sapos difíciles de tragar, hoy resulta que quienes ganaron el plebiscito con el No, tenían razón en algunos de sus temores, aquellos que fueron llamados guerreristas, enemigos de la paz confirman porque tanto recelo al acuerdo Habanero.

El incumplimiento de algunos compromisos por parte de la guerrilla, la sorpresiva o esperada captura de un cabecilla del partido de las farc por el delito de narcotráfico posterior a la firma de los acuerdos,  así como el reciente denunciado mal manejo de los recursos del posconflicto, llevan a pensar en que la paz resulta una utopía, pues las partes a su manera han sido incapaces de  dar cumplimiento a lo acordado.

Pero la paz no es la que pactaron el gobierno y las farc, la paz para que no sea una utopía debe ser un compromiso de cada ciudadano con su actuar cotidiano, empezando por el respeto a la otredad, reconocer la existencia de un otro a partir de la propia persona,  lo habitual es que la otredad se construya a partir de la alteridad y la oposición, el otro es aquello que nunca fuimos, no somos y no seremos. Incluso podría decirse que el otro es lo que no queremos ser, pero a partir del respeto, del reconocimiento y la aceptación de las múltiples  diferencias que en ocasiones nos confrontan internamente desde el concepto de moral, podremos cimentar una conducta individual incluyente y ética, lo que nos llevaría a la paz interior como fundamento de la paz social.

Más allá de lo que pase con la política, quien se erija como presidente, quienes estén en el congreso,  si las farc sigue delinquiendo, o si el gobierno le sigue incumpliendo a los más necesitados, la fortaleza de la nación han de ser sus ciudadanos que se reconocen como tales, como miembros activos de la nación, ciudadanos responsables como individuos, con valores y principios, convencidos que son sus propias acciones frente a sí y frente al otro la génesis de una verdadera paz estable y duradera.

Puede aceptarse la frase del filosofo en el sentido de que el hombre esta condenado a vivir en guerra o se puede invertir la misma para afirmar que el estado natural del hombre es la paz y no la guerra,  para lo cual se deberá controlar el instinto violento, superar el estado natural para reconocernos en la civilidad, esa al parecer resulta la tarea más difícil que se tiene en el país del sin sentido.

sábado, 13 de enero de 2018

EL SERVICIO PÚBLICO DE TRANSPORTE MULTIMODAL EN NUESTROS MUNICIPIOS



Lamentar las muertes en accidentes de tránsito pareciera se ha vuelto costumbre en los municipios de Colombia, más cuando se trata de los compatriotas más humildes y nuestros campesinos, que terminan convirtiéndose en estadísticas para los reportes de accidentalidad.

¿Pueden evitarse estos accidentes en las carreteras terciarias de nuestros municipios? Sea lo primero anotar que podemos empezar por brindar un mejor servicio de transporte público, pues el solo hecho de que la ley no haya fijado límite a la vida útil de los vehículos que prestan el servicio público de transporte en la modalidad mixto veredal, no significa que los municipios responsables de autorizar, fijar rutas y otras competencias en materia de transporte en sus jurisdicciones, evadan la responsabilidad de vigilancia y control frente a las empresas o prestadores de este servicio, más allá de la obligación de mantener unas vías adecuadas.

La muerte de 14 personas habitantes de lo que yo insisto en llamar  “la ciudad rural” de nuestros vecinos de Sabanalarga, debe poner a reflexionar a las administraciones, así como a los prestadores de este servicio en las responsabilidades de carácter civil y administrativo por la falta de controles a los equipos (entiéndase vehículos) así como al mantenimiento y adecuación de las vías terciarias.

El Decreto 80 de 1987, por el cual se asignan unas funciones a los municipios en relación con el transporte, es claro en señalar en su articulado competencias a los entes territoriales sobre las diferentes modalidades de transporte, significa ello que dichas competencias también conllevan per se unos deberes de vigilancia y control.

Durante el corto periodo que me desempeñé como Secretario de Tránsito de la Ciudad de Antioquia, negué tarjetas de operación para varios vehículos que habiendo superado la vida útil en la modalidad de servicio para la cual fueron registrados y que generaban alto riesgo para los usuarios, generó interesantes discusiones con el representante legal de la cooperativa Cootrasanta, discusiones que hoy deberían adelantarse desde el concejo de la ciudad, corporación que debe hacer seguimiento a estos temas.

Prevenir es función de las autoridades administrativas y creo que es un tema que tiene claro el actual Secretario de ese despacho, sobre quien recae  la responsabilidad como autoridad de tránsito de exigir el adecuado mantenimiento y cumplimiento de la documentación del equipo automotor disponible para la prestación del servicio, así como a planeación municipal el debido mantenimiento de las vías veredales y corregimentales de nuestro municipio para evitar posibles demandas por lo que en derecho administrativo se califica como falla del servicio.

De acuerdo con nuestra Carta en su artículo segundo, inciso segundo de manera expresa se señala “Las autoridades de la república están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias, y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares.

Este es un llamado para que se proteja la vida de nuestros campesinos, pues ellos merecen un buen servicio y unas mejores vías, que permitan un verdadero desarrollo de nuestra “ciudad rural”.