La
Constitución Política de Colombia en sus arts. 1, 13, 24, 63, 82 y 333, hacen
referencia al espacio público, en especial el artículo 82, que de manera expresa
señala que ¨Es deber del Estado velar por
la protección de la integridad del espacio público y por su destinación al uso
común, el cual prevalece sobre el interés particular.
Las entidades públicas participarán en la
plusvalía que genere su acción urbanística y regularán la utilización del suelo
y del espacio aéreo urbano en defensa del interés común¨ . La pregunta que
hoy me hago y comparto es ¿se está cumpliendo con este mandato constitucional
en nuestro municipio? Y la respuesta que que también comparto es que no y
enseguida entro a dar mis argumentos.
En primer lugar debemos determinar que es el espacio público, para lo
cual nos remitiremos al Decreto 1504 de 1998, que en su artículo 2, lo define
como el conjunto de inmuebles públicos y los elementos arquitectónicos y
naturales de los inmuebles privados destinados por naturaleza, usos o
afectación a la satisfacción de necesidades urbanas colectivas que transcienden
los límites de los intereses individuales de los habitantes.
El espacio público es el escenario donde se reivindican y se ejercen los
derechos del ciudadano. Sin este, la sociedad pierde el derecho a manifestarse,
a expresar lo que necesita, piensa y anhela; de ahí la vigencia e importancia
del tema.
De las normas citadas se resalta el sentido de lo colectivo, no puede
entonces con argumentos vacuos o justificaciones injustificables argumentar que
en aras de garantizar el empleo, el espacio público sea invadido por venteros
de toda clase dificultando la libre movilidad peatonal, mas aun tratandose de
espacios públicos patrimonio de la nación.
Es importante anotar que en materia de empleo esa no es la solución al
problema, pues lo que se estimula es la informalidad y el desorden y casi la
apropiación del espacio público por parte de particulares, la generación de
empleo debe ser el del trabajo formal y digno.
Resulta poco agradable visitar la plaza y el parque principal de la
Ciudad Madre, la cantidad de ventorrillos,
su desordenada distribución, la multiplicidad de olores, las basuras y
las aguas donde lavan utensilios sin las mas mínimas medidas de higiene en
muchas ocasiones, no son lo que debería verse en ese espacio que debe ser para
el disfrute de propios y visitantes, adicional a lo anterior los productos
tienen un precio en la mañana y en la noche se incrementan, sin que sobre esto
exista ningún control.
Que decir del parquedero de motos en el que se ha convertido la zona del
parque Monseñor Toro, aledaño a la Basílica Catedral, y el recicladero que allí
se ha establecido.
Ciertas medidas no dan votos, pues resultan antipopulares, pero deben
tomarse en aras del orden, la civilidad y la convivencia ciudadana, la
recuperación del espacio público para la colectividad es una de ellas, por
nuestra plaza principal, por nuestros parques y por políticas públicas que de
verdad aborden el tema del empleo formal y digno reflexionemos en positivo, el
objetivo es claro una ciudad con calidad de vida, necesita de unos espacios
públicos con calidad.
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