domingo, 27 de enero de 2019

¿QUÉ LE PASA AL PAÍS?


“Colombia tierra querida” tierra de contrastes, culturalmente diversa, de gente buena y rica; en medio de todas estas expresiones positivas hay una realidad que no podemos ocultar, una sociedad inmoral en su comportamiento ético, personas que creemos conocer no son lo que creemos cuando llegan a cargos de poder público.

Hoy sobre los mas altos funcionarios del Estado se siembra la duda con respecto a su comportamiento público y privado, pues valga recordar que quienes optan por el reconocimiento público renuncian a una parte de su esfera privada y aun de intimidad, así lo ha aceptado la Corte constitucional en reiteradas sentencias, criterio que no es propio de nuestra Corte, sino del ejercicio del derecho constitucional comparado.

Resulta por demás decepcionante saber que no se puede confiar en partido o movimiento político alguno y mucho menos en su lideres, pues todos están cuestionados, no solo por la opinión pública, sino por la justicia que a su vez también se encuentra salpicada en actos ilegales, pero la responsabilidad no solo recae en quienes ocupan las diferentes ramas del poder, resulta que distintos sectores de la sociedad son cómplices intelectuales o materiales de los primeros.

Los de mi generación recordaran que Álvaro Gómez Hurtado llamaba a un acuerdo sobre lo fundamental y terminó asesinado, pero ¿qué proponía ese acuerdo? “ (…)  exigir y respaldar todas las acciones encaminadas a lograr la efectiva vigencia de la ley, la recuperación de la moral pública, el restablecimiento de la justicia, la adopción de un modelo económico que procure el desarrollo equilibrado con justicia social y la preservación de los recursos naturales. Objetivos que apuntan hacia la reconquista del derecho a vivir en paz y a constituir un futuro amable y justo para los colombianos” esta iniciativa murió con su autor moral, pues su partido, el conservador abandonó estas banderas y se convirtió en partido lagarto de poder.

La recuperación de la moral pública resulta fundamental si queremos ser un Estado viable, la confianza en la política y los políticos resulta una tarea de importancia en los actuales momentos, la guerra de los egos políticos le está cobrando una cara factura al pueblo colombiano, el presidente Iván Duque ha propuesto desde su campaña un gobierno que enfatiza en la equidad.  “Trabajar por la Equidad responde a un imperativo ético que trasciende las diferencias partidistas y las vanidades personales. Trabajar por la Equidad constituye un objetivo común de toda Colombia que no es bandera ideológica de la izquierda o de la derecha”.

Entender y desarrollar estos preceptos seguramente ayudaran a mejorar las condiciones sociales de un país que lo tiene todo para estar a la vanguardia en Suramérica, pero esto no podrá lograrse mientras veamos un enemigo eterno en quien tiene una mirada o una propuesta diferente a la nuestra sobre un mismo problema, debemos tener la capacidad de aceptar que nadie es dueño de soluciones únicas frente a las muchas dificultades que hoy tiene el país.

Pareciera que hoy en Colombia nadie tiene la autoridad moral para hablar de determinados temas, pues todos ayer u hoy están untados de la misma “mermelada” los medios de comunicación comprados con la pauta oficial, los particulares confabulados para saquear el erario público, los políticos amangualados con mafias o criminales, la justicia vendiendo fallos y los jueces caracterizándose como divas, los académicos adoctrinando y la sociedad vendiéndose en cada elección.

El panorama no es el mejor, pero como sociedad tenemos el deber de reaccionar y  con el poder que tiene el pueblo intentar cambiar esta realidad, seamos más exigentes a la hora de elegir a quienes gobiernan en lo nacional, lo regional y lo local, no creamos que con discursos populistas y de promesas irrealizables se solucionan los problemas particulares y colectivos, exijamos que desde el discurso se hable con la realidad, que se planteen los problemas y las posibles soluciones, que estos se conviertan en hechos y obras que impacten realmente a la sociedad, que el ejercicio de la política se dignifique a partir del “enriquecimiento colectivo”, esto no es otra cosa que un mayor bienestar para un mayor número.

Empecemos desde hoy a transformar nuestro país a partir de acciones y comportamientos sociales simples.

sábado, 7 de julio de 2018

DE LA MORAL INDIVIDUAL Y DE LA DOBLE MORAL SOCIAL.




En un país donde nos acostumbramos a ser indulgentes con los criminales, a apoyar pactos con las “bestias” me refiero a la mal llamada guerrilla, aclarando y enfatizo en sus cabecillas que al   final resultan ser los más beneficiados con un acuerdo  flojo en su forma y más aun en su fondo, nos indignamos con situaciones que, aunque condenables resultan menores ante las atrocidades cometidas por aquellos.

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Nunca compartiré ningún acto de discriminación o exclusión frente a otro ser humano, pero la moral individual es una y otra la que se manifiesta socialmente, las redes sociales han permitido que los indignados morales expresen abiertamente sus criticas frente al comportamiento humano con relación a ciertos animales, el perro o el gato abandonados, las aves enjauladas, el sacrificio de los toros de lidia o las peleas de gallos, pero nada dicen frente a la muerte de niños por desnutrición en el país, y salen a vitorear a políticos corruptos y podría expresar más ejemplos, pero dejemos ahí.

El tema viene dado que hace días se presentó un bochornoso caso en el cual se ve involucrado don José, un humilde hombre que con sus guitarra va interpretando canciones en diferentes sectores de la ciudad de Medellín, el pasado 7 de mayo se hizo viral, así se denomina en los nuevos medios las visualizaciones que tiene algún contenido digital en las redes sociales, el caso es que nuestro personaje es invitado a almorzar en un restaurante por unas personas que se encontraban allí y que les pareció bien hacer un acto de reconocimiento o de solidaridad con don José, acto que fue rechazado por la administración del restaurante, quienes solicitaron a don José se retirara del estableciemiento, acto que resulta ofensivo a la dignidad humana.

Este hecho a todas luces reprochable por parte de la administración del restaurante se ve sobredimencionado socialmente dado el alcance de las redes sociales, miles de personas criticando, muchos quizás sin entender o tener el contexto completo de la situación juzgaron y condenaron a la administradora del establecimiento, pero qué tal si con más cabeza fría analizamos el tema, según el video publicado en la redes, las personas que invitan a don Jose a almorzar no lo llevan a la misma mesa que ellos comparten, él se sienta en una mesa a parte, ¿a caso no existiría una doble discriminación? Loable el gesto de la invitación, ¿pero acaso no es digno para compartir la mesa con él? Considero un acto moral el rechazo a la actuación de la administradora del negocio, ¿pero acaso no lo es también rechazar el comportamiento de quien hace una invitación y aparta al invitado?

Y que decir de la doble mora social, pues miles de personas tiran la piedra sin estar libre de pecado, juzgaron y condenaron no sólo a la administradora del establecimiento, sino que acabaron seguramente con el negocio, pues los comentarios de fijos y posibles comenzales fue el mismo, no vuelvo o diganme donde es para no ir nunca.

A cuantas personas se ha perjudicado, no solamente en su dignidad, en su honra y hasta en su empleo por el manejo mediatico irresponsable, pues hoy se hace popular o impopular a alguien con solo colgar un video que muestra una media verdad.

Don José sin embargo sigue tranquilo, su noble personalidad le impide magnificar como lo han hecho los demás una situación que ha podido ser razonablemente manejada por todos los involucrados, él, agradecido, sin inmutarse reconoce a cada quien una bendición, un Dios les pague, en este hombre solo hay una moral de la bondad o la pureza.

Este hecho nos debe llevar a refexionar sobre la moral que practicamos como individuos y como sociedad, pues encuentro que una no se compadece de la otra, mientras una nos debería llevar a la prudencia, la otra resulta contagiosa del linchamiento y el escarnio público del otro, en tal sentido encontrar un punto donde pueda enmendarse una injusticia sin destruir al otro ha de ser el objetivo, la sanción social no puede ser una condena perpetua.

Que la razón se imponga a las pasiones desmedidas de esa doble moral colectiva que tanto daño termina haciendole a la misma socieda, pues la justicia no es contraria a la razón.